El 24 de julio (2001) tuvo lugar, en la Casa de la Provincia de Sevilla, la mesa redonda "Nicolás Guillén en los derroteros del Son" como preámbulo del centenario del nacimiento del poeta. Enmarcada en los actos organizados bajo el lema "El Son Cubano y el Flamenco" por la Diputación de Sevilla -actuaciones de Ecos del Tivolí, María Victoria y su Latin Son y Pancho Amat y el Cabildo del Son- , intervinieron Santiago Auserón, los escritores cubanos León de la Hoz y Bladimir Zamora y la presidenta de la Fundación Ceiba de Cultura Afrohispanoamericana Isabel Pozuelo.  

Tanto León de la Hoz como Bladimir Zamora disertaron sobre distintos aspectos de la obra de Guillén, mientras Ecos del Tivolí ponía la música en vivo al evento. El último en intervenir, Santiago Auserón, fue también el más extenso en su charla, realizando un pormenorizado análisis de la figura de Nicolás Guillén así como un estudio fono-rítmico exhaustivo de sus composiciones (-Tened un poco de paciencia, porque un día u otro nos teníamos que meter en estas cosas):

 

El caso de la cultura poética y musical cubana es un caso muy especial: hay vínculos continuos entre lo culto y lo popular, cosa que no ocurre en otras latitudes. Incluso el lirismo más extremado y más elitista mantiene vínculos, algunas veces evidentes y otras secretos, más herméticos, con la cultura popular. Y en poetas como Guillén, la cultura popular es una herramienta de trabajo.

Los cantautores españoles tenían un problema con el ritmo. En la última década comienza a haber una generación de cantautores canarios y andaluces que empiezan a manejar la polirrítmia con sensatez, con conocimiento. Hasta entonces el modelo era un poco hosco, castellano, austero y rígido. El mejor ejemplo es el de Enrique Morente. En el disco “Negra, si tú supieras” hace un uso de los motivos del son muy elásticos y divertidos sin salirse de la canción y de la copla aflamencada y de los palos que tocan con ella. Hace una lectura bien fundada desde el punto de vista lingüístico y poético. Y además, haciendo su música. No repite las líneas melódicas establecidas en los géneros. Aprovecha la influencia de Guillén para variarlos un poco.

Vivimos en el umbral entre oriente y occidente. Nuestra cultura española tiene dos puertas, de Oriente y Occidente. El problema básico para la mirada hacia oriente es la lengua a pesar de haber convivido ocho siglos con la civilización musulmana. No hemos querido conservar la memoria ni de la lengua ni de la música popular. La mirada hacia oriente solo puede ser culta, de investigación literaria, filosófica... Mientras que la mirada hacia Occidente es espontánea, natural y vitalista porque la lengua y la comunicación musical lo permite. Es nuestra encrucijada cultural. (...) En Mr. Hambre quería hacer una recuperación de la memoria de la tradición lírica en función del lenguaje que acababa de llegar a las ciudades del medio rural. Es una memoria casi infantil. Ahora ya no necesito hacer esa reflexión lírica, estoy abriendo un poco más el campo.

La música popular actual carece casi por completo del nervio sonoro que caracteriza la poesía de Guillén. Esta cuenta con tres ramales: la primera es la propiamente lírica, tan sutil y difícilmente localizable que da lugar a interminables discusiones. Guillén se sitúa en sus inicios en el punto medio de la transición del modernismo hacia las vanguardias, lo que se ha llamado el postmodernismo. (...) La segunda es la que conocemos como el compromiso social de la poesía. Perpetúa el ideal romántico del independentismo cubano. En tercer lugar, se alza como representante de la negritud con conciencia de que hay un trabajo por hacer y  se incorpora como militante activo a la Revolución comunista.

Finalmente, el grupo cubano actuó para los que desearon terminar la noche con sabrosos ritmos.