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Semilla del son es una recopilación de temas, intérpretes y autores esenciales del son cubano, en su mayor parte desconocidos hasta hoy en España, y, en general, fuera de Cuba, pese a haber influido profundamente en la música popular del siglo XX. Es ésta la primera entrega de una colección que con el mismo título prepara Animal Tour Producciones, a partir del trabajo de investigación y selección realizado por Santiago Auserón, en colaboración con la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales de Cuba (EGREM). Producido por Santiago Auserón, para Animal Tour Producciones. Asesor de la colección en La Habana: Bladimir Zamora. Ayudó a coordinar el proyecto: Fidel Sendagorta, de la Embajada de España en Cuba. Coordinación en Madrid: Paz Tejedor y Ma. Luz Auserón. Presentación y notas de Santiago Auserón, supervisadas por Bladimir Zamora. Documentación: Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana (CIDMUC). Se han procesado las copias de las matrices originales en los estudios Sonoland, de Madrid, con ecualizadores de Rupert Neve y reductor de ruido, cuando ha sido necesario. Hizo el trabajo Bob Painter, con Jesús Alcañiz como asistente, en Agosto de 1991. Imagen de archivo facilitada por Egrem. Foto portada: Beny Moré. Foto artística de Xavier Guardans. Portada de Montse Cuní. Dibujos interior: Zaida del Rio. Diseño Carpeta: Coyán Manzano/MLM. Fotomecánica: Grof. Agradecimientos: a Danilo Orozco, quien revisó los contenidos y aconsejó algunos cambios. A Ana Lourdes Martínez, Aleida Espinosa, Rosa Jácome, Amanda y Jorge, de la EGREM. A Juan Manuel Villar, Zoila Gómez, Manuel Santos, Ramona Vidal, Victoria Eli Rodríguez y Carmen Ma. Saenz, del CIDMUC. A Ignacio y María Estévez y a Eulalia Sánchez de la Embajada de España en Cuba. A Niño Rivera. A Fidel y Mela, a Puchi y Enrique, a Camilo y la peña de Marta Valdés. A Faustino Oramas y su grupo. A Rolando A. Pérez. A Reynaldo Prades y el Quinteto de “Maduro”. A Paz Tejedor, quien ayudó a impulsar la idea. A Cathy François, quien sugirió el título. A Luis Auserón, quien opinó sobre la selección y el diseño. A Rodolfo Poveda y Nacho Sáenz de Tejada por la documentación y consejos finales. Algunas de las grabaciones contenidas en esta selección pueden presentar deficiencias de sonido, por estar extraídas de matrices antiguas, realizadas con medios muy distintos a los actuales. Han sido transferidas a soporte digital, tratando de conservar el máximo de pureza.
"Lo que la gente sabe es que el son es una forma de canto y baile que nació en el monte, en las zonas orientales y que un buen día se trasladó a la ciudad, empezaron a oírse grupos urbanos, apareció gente como los Matamoros y después el llamado salto a la capital, la popularización... Eso es todo más o menos. Esto no es así en su profundidad. Esta es la parte visible del fenómeno. Expliqué que el son se gestaba en el seno de una serie de familias que, con el tiempo, se han podido determinar de tradiciones centenarias, multiétnicas, multitradicionales, dispersas en campo y ciudad. La existencia de la misma familia en el campo y ciudad de diferentes zonas facilitaba una interrelación e interacción de elementos muy temprana pero culta. Se visitaban unas a otras y a veces participaban en festejos para el público, como las fiestas de patrón o los carnavales, donde se mezclaban familias con familias, instrumento con instrumento, de la forma más violenta, más amplia y más eficaz posible, y ahí se iban decantando hacia géneros concretos. Esa es la historia oculta y profunda, es la esencia de lo que luego va a ser el género son, que es un integrador por excelencia en la música cubana. Pero no solamente se reduce a la zona oriental, sino que existen procesos paralelos. La zona oriental es realmente muy fuerte por la etnia bantú, que tiene mucha importancia, o la mezcla de la etnia bantú con lo canario andaluz. Pero también en el centro había traslados de Oriente a Occidente. La familia Valera Miranda es una familia donde tienen todo tipo de mezclas étnicas, inclusive gente aindiada, y eso es algo muy raro en Cuba." (1)
1. Para Rodolfo Poveda en la revista Ajoblanco, sept. 1993. |