Zymogen mandó al foro una nueva crónica del concierto de Madrid, en la Plaza del 2 de mayo. Las fotos, en esta ocasión, son de La Página de Juan Perro.

 

[ZYMOGEN]

 

La noche fue cayendo sobre Madrid y en la plaza del 2 de Mayo se iba reuniendo todo tipo de tribus. En el día en que el Dios de los católicos visitaba la capital, los secuaces de Lucifer hacían la contramanifestación en el barrio de Malasaña. Se iba a celebrar la noche animal...


El escenario se ubicó en la plaza quedando el aforo de forma ancha y poco profunda, no dando opción a una buena acústica. ¿Y qué demonios importaba eso? Había watios de sobra para que cada vez que Vicente Climent golpeaba el bombo te retumbara el alma, avisándote que se la estaban llevando. Ja, ja, ja, jaaaaaaa (es la risa del diablo).


Nosotros nos dimos cuenta rápidamente que ocurría algo especial. Habíamos vendido nuestras míseras almas al puto diablo y éste ya se encargaba de devolvernos el favor.


-Has visto ese par de tías?
-No paran de mirarnos.
-Me están restregando las tetas.
-Es por las camisetas, compay, se creen que somos del equipo.
-Yo no me la quito en toa la noche.

 

Llegó el momento del concierto y, cómo no, comenzó con La noche de fuego....jua ja jua , juaaaaaaa, brooooooommmm! (risa del diablo y truenos). El chamán maestro de ceremonias adoptó la forma de un perro. Eso sí con traje color vino, sin sombrero, impecable, en forma, como nunca.
Ya somos veteranos y nos dijimos:

-Uyuyuyyyyy, esto pinta bien.
-Bien? Parece que por fin llegó la noche animal.

Todos los cachorros decidieron echarle un par y empezaron a tocar como si les fuera la vida en ello. A Javier, tal vez por el sonido, se le oía más que nunca, y se podían apreciar los detalles que sutilmente dejaba caer y los ritmos bestiales que imprimía a cada canción.

 

En Agujero en la red un ángel bajó del cielo para joder el micrófono del perro consiguiéndolo por breves instantes. Pero los discípulos de Satán se movieron rápidamente y solucionaron el problema trayendo otro micro, juaaa juaaaaaaaaaa juaaaaa. ¡Qué se habían creído estos mojigatos! ¡Vade retro! ¡Tira pal sielo mamón! ¡Broommmmmm! (otro trueno).

 

La gente se iba entregando poco a poco dándose cuenta que no podían escapar de las garras del chamán y sus secuaces. Era mejor aliarse y disfrutar, aunque se comieran tu alma a bocados.
-Qué intensidad.
-Qué derroche de energía.
-Cantando de puta madre.
-Bailando del carajo.
-A costa de nuestras almas...
-Con razón.
-Bebe, bebe.
-Fuma, fuma.
-Juaaaaaaa , juaaaaa, juaaaaaaa.

 

Lo pasábamos como nunca. Bailando y cantando. Como siempre surge el conflicto ¿teatro o aire libre?. Cada cosa en su momento. Hay que saber estar y disfrutar de los dos ambientes. El ambiente que se dio en Malasaña fue muy propicio: gente de todas las clases y edades entregada de principio a fin.


Era la noche animal: problemas de sonido resueltos con rapidez y profesionalidad. Cerca de la mesa de sonido un grupete de seguidores la armaba (bailando, eso sí) y el güisqui del camerino desaparecía.

 

El repertorio llegaba hasta los bises. Aquí fue donde se armó la marimorena. 2+2+2. Los dos boleros, La charla del pescado y Semilla negra, y La negra flor y Fonda de Dolores. Estas seis canciones casi la hora de las dos y media que duró.


En Obsesión hubo sorpresa. El perro sacó al escenario a un joven cubano a bailar. Y bailó. A cantar. Y cómo cantaba el condenado. Se salió. Se trataba de David Montes (apuntó Alberto rápidamente), vocalista de la Vargas Blues Band, que cantó y rapeó el “china todo en la vida se paga” dejándonos patidifusos. Otro que se quedó sin alma. El mano a mano posterior con el perro fue de órdago, bailando, cantando e improvisando. Un espectáculo digno de ver. Esperamos la foto.

Semilla negra fue cantada por el respetable en una versión an-to-ló-gi-ca. A esas alturas todos estaban poseídos.

Y para acabar “el rap de la negra flor” rapeada a lo punk y con un ritmo de fondo machacón. Aquí ya nos quedamos todos sin voz. Excepto él, claro.
En Fonda de Dolores ya nos quitó todas las fuerzas que nos quedaban, a base de bailar, incluso con cambio a lo heavy metal, que era lo que pegaba para Malasaña. Madre mía de mi alma. Perdón, de mí... no sé de qué.

 

Concluyendo: a quien hay que destacar en este concierto no es otro que a Juan Perro. El que duerme al sereno. Hizo un derroche de energía como nunca y cantó la mar de bien. En forma lo vimos, sí señor. Y sin menosprecio para los demás que estuvieron a gran altura, destacar a Javier Mora y Norberto Rodríguez que encendió al público con unos solos poderosos, precisos, que ponían la piel de gallina. El mismo David Montes nos dijo de él: -Como Nolbelto no hay otro igual. Si ves uno igual empújalo que es de caltón.

 

Terminó el concierto y estábamos levitando todavía. Una copa con los amigos fue el colofón a la noche. Caracola, Jimena, Alberto, Naúfrago, Enrique y un servidor cerramos los chiringuitos de la plaza. Y para el hotel, hechos polvo pero muy felices. Al asomarnos al balcón vimos a las flores negras de la calle Montera. -Y siiii.....

 

Saludos de Zymogen, el habitante de la playa, con guitarritafirmadaporelperroytodalabanda.