José Antonio Sierra nos dejó sus impresiones sobre el concierto de Ceutí en el foro, mientras que él mismo y Sergio Mata nos suministran las fotos. Añadimos también el texto que Zymogen dejó en el foro.

 

[JOSE ANTONIO]

 

Alguien dijo alguna vez que los viajes no tienen nunca destino. Y en la mayoría de las veces es así de cierto. Sin embargo, en determinadas ocasiones hay personas que si lo encuentran. Siempre es el mismo: encontrarse consigo mismo.

Ese choque interior se produce sobre todo por sugestión propia. Pero hay determinados elementos fuera de nuestro ego, que ayudan a que se produzca. ¿Cómo puede una persona emocionarse de estar en medio del desierto cuando a la mayoría pensarían estar en el infierno? Por dos cosas: por la arena, cuyo ardor recuerda el infierno, y por la soledad, que es tan triste y férrea, que da al hombre carácter y le hace fijarse en él.


La noche del viernes, tras el último son, los que acudimos a Ceutí, nos encontrábamos en un estado tal de excitación que por un momento alcanzamos a mirar en nuestro interior. Y todo por culpa de un órdago que fue soltado poco a poco gota a gota. Como siempre, empezó a chispear con la noche de fuego. "Es una canción increible pero que cantada en frío pierde: -"Precisamente debe ser cantada la primera para ir afinando, tanto la garganta como el espíritu".

Continúo el recital con el repertorio clásico de esta agónica gira. El público, palmeado desde la primera. El perro, forzándose, estirándose y rompiendo el cántaro. Recordando a los grandes, como Francisco Repilado, respondiendo a los comentarios afortunados, pasando de los tontos. Tocó una de las canciones intensas: Obstinado en mi error. ¿Cómo pude pensar de una canción en el disco que era cara B, cuando escuchándola a dos metros del perro, pone los pelos de punta? De hombres es equivocarse. Pero no me equivoco con otra de las intensas, la que más de cantares: esa negación al soporte que nos permite a todos comunicarnos.

Y llovieron cigarritos, pero de los de verdad, y se disimularon las averías; "no siempre va a ser lo mismo". Y mil detalles más que sólo perduran en la retina, porque por desgracia la memoria se diluye lentamente.


Llegado a este punto, el lector inteligente, que es el que lee con atención, habrá podido observar que hubo un momento cumbre. Pues este comenzó en la última canción, con la despedida del público. Viendo el maestro la calentura del público que ya arrastraba de antes, a mitad de canción invitó al público a que saltara y dejara sus asientos, que por una excesiva cortesía aún no había hecho. Aclamaron hasta que comenzaron los bises. En Semilla negra además del entusiasmo si que se vio la memoria que dura por más tiempo, la colectiva. Ante su despedida la gente pidió otra, con una gran fuerza. El perro respondió como un robot que por cada vez que se le gritaba otra era para él un impulso.

Pero aquí las leyes las marca él. A pesar del agotamiento que expresaba la banda, les hizo un desafío. Cantó cuatro cuentos, que afirmó no se tocaba hacía dos años. Terminó, y sin que nadie se lo pidiera comenzó otra. Tenía ganas. Para la mayoría era una canción desconocida, por no estar registrada. Parecía una canción para calmar los ánimos y despedirse fácilmente, como hacen en las discotecas.

Pero sin embargo, esa canción llevó al momento más álgido: Obsesión. Creo que no fui yo el único que hacía tiempo que no se emocionaba así. Acabó todo con una profunda aclamación "perro, perro, perro". Bueno eso para la mayoría, porque unos pocos afortunados tuvimos la suerte de además de ver lo apañas que eran las acomodadoras del teatro, de pasar al camerino a ver al perro.

Entramos los primeros. Estuvo muy amable. Nos firmó y nos fotografiamos con él. Si, como nos dijiste, te asomas al foro y lees este mensaje, perdona por lo pesao que estuve, pero es que imagina todo lo que quería expresar ante una persona que me ha hecho pasar muchos buenos momentos. Sentía admiración y suerte de estar allí con él.


Después del concierto, tengo varios recuerdos de él. Uno de ellos, es un disco dedicado. Y otro, una fotografía donde aparece sonriente. Sin embargo, ninguno de ellos, como cosas materiales que son, perdurará tanto como una serie de palabras conexas que rondan mi cabeza una y otra vez:

"China, todo en la vida se paga.
China, todo en la vida se paga.
China, todo en la vida se paga..."

 



[ZYMOGEN]


Sexto concierto que nos metemos en el cuerpo y no será el último.
-¿Pero nene no te cansas de ver siempre al mismo?
- Pues no, ya ves tú.


Del curro a la ducha y de la ducha al coche a comerse el bocata por el camino. Directos al pub Alexander´s. Allí tuvimos la suerte de conocer a Sergio y José Antonio. Todo un placer. El zorro no apareció. De ahí el nick. O era el dueño del pub que hizo publicidad del garito. Muy bien hecho. Allí saludamos al manager que se redimió de todos sus pecados y se enrolló muy bien.


El auditorio de Ceutí es pequeño, enladrillado y acogedor. Nosotros en primera fila si cantábamos se nos oía por el micro.


Al salir el can se mostró más pausado que nunca, controlando la situación con silencios cara a cara con el público.


Con las canciones más lentas quiso transmitir la emoción casi a cámara lenta, para que nos empapáramos bien. Sin derrochar voz y derrochando corazón Prueba de ello fue “la misteriosa” que la cantó con las manos en los bolsillos y los ojos cerrados. Me giré (como Amelie) y observé la expresión del respetable en ese momento. hacedlo en el próximo concierto. El carro fue interpretada de manera colosal y como siempre “obstinado en mi error” nos puso los pelos de punta.


Las cortas distancias existentes hacían que de vez en cuando su mirada se clavara en la tuya, desafiándote, cual halcón sobre su presa, haciéndote sentir el síndrome del hombre menguante. Glub. Acojona un poco. Impresiona mucho. Fascina. Si tienes lo que hay que tener le aguantas la mirada.


En las canciones más moviditas sacó el repertorio a relucir. Igual bailaba agarrado a una torre de sonido, se desmadraba en el borde de la pista o se tiraba al suelo a cantar. De todo, vamos.


La banda, formidable. Que buen rollo. Uno por uno:
Moisés: sus coros geniales ¡miauuuuu!
Camilo: sudó como nunca ¡ de tanto bailar!!!!
Norberto: volvió a brillar con luz propia. Cuando le da la gana se sale.
Javier: al boquerón se le ve mejor que en la gira pasada.
Vicente: a nuestro paisano es una pena que se le vea tan poco. Al final en los boleros se deja ver maracas en mano, que también tiene derecho.
Concierto total.


En los bises, ante de obsesión, novedad: el perro homenajeó al “pegaso negro alado” cantando una de sus canciones “mi amor fugaz”. No estoy seguro del título. A documentarse.
Concierto total.


Anímense señores que esto se acaba.