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Ya tenéis aquí todo, ¡y digo todo!, lo que dio de sí el concierto acústico de Santiago Auserón antes sus incondicionales de México. Carlos R. Suárez cubrió el evento y nos manda su crónica y sus fotos.
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Sin collar El acústico de Juan Perro en México |
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Baile de perros El acústico de Juan Perro fue organizado y anunciado por la radiodifusora local Órbita 105.7, especialista en rock en español perteneciente al IMER, que es el Instituto Mexicano de la Radio (www.orbita.com.mx). Durante los primeros días de promoción, para ganar una entrada doble fue preciso demostrar conocimientos mínimos sobre la huella de Juan Perro y Radio Futura a los promotores itinerantes de Órbita, o bien a los conductores de sus programas en directo. Pero después de Rock en Ñ, incluso la radiodifusora hizo su parte para que Santiago se fuera de México con la clase de recuerdo que merece. La víspera del concierto, para obtener entradas fue preciso cantar al aire piezas del repertorio canino o presentar tesis doctorales sobre el devenir de Santiago Auserón. La conductora Olivia Luna, infranqueable, negaba entradas repetidamente a decenas de improvisados aficionados: “imagina las mordidas que me darán los perros de hueso colorado si te doy las entradas a ti, mejor llama otro día”. La jauría, desatada, comenzó a aullar en los teléfonos de la ciudad y orinó todas las esquinas del ciberespacio para correr la voz: Juan Perro acústico en México, sin costo. Los únicos dos antecedentes son las versiones desenchufadas de “Yo te cito” y “Esta tierra no tiene corazón” transmitidas por la emisora española 40TV, más “El Carro” en una televisora catalana. “No podía perderme esto”, aulló Angélica la mañana del martes al llegar a la Ciudad de México procedente de su natal Guadalajara, localizada a 521 kilómetros. “Vine a pesar de que otras dos de las cinco personas que trabajamos en la oficina no estaban tampoco en Guadalajara, pero no podía perdérmelo, era ahora o nunca”. El recital, originalmente programado para las 6:00 de la tarde, fue adelantado una hora el día anterior. Desde las 4:00 había unos diez canes frente al Estudio A del IMER, localizado en el pintoresco barrio de Coyoacán, en el sur de la ciudad más grande del mundo. Cuentan que Juan Perro llegó acompañado de su esposa y un séquito de representantes de Warner Music a bordo de la misma camioneta dorada que lo llevó el 13 de junio al bar El Callejón, donde presentó su más reciente producción, Mr. Hambre. Dentro de las instalaciones del IMER pulsó los hilos metálicos de su acústica hasta asegurarse de que vibraran en la misma frecuencia que las cuerdas del instrumento de John Parsons, el viejo ovejero galés. Cerca de las 5:00, unos 200 ejemplares de todas las razas autóctonas de la antigua Tenochtitlán conversaban sobre la forma en que se habían allegado entradas para el acústico y lamentaban la asonada bunburista del sábado. Estaban allí desde la cachorrita más joven acompañada de sus padres hasta un auténtico txakurra que escapó a sus deberes de guardián y daba la impresión de ser el más divertido en toda la fila. Una promotora de Órbita 105.7 que no se identificó, pero rápidamente fue bautizada como “La Cancerbera”, cotejó los nombres de los expectantes con los que aparecían en su tratado taxonómico. Por cada acierto estampó sobre los dorsos de nuestras manos un sello antropomorfo, efímero tatuaje que nos identificó como descendientes del máximo campeón zaragozano de raza pura. Y entonces La Cancerbera abrió la puerta del infierno.
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La charla del perro El Auditorio A del IMER es un averno confortable: un pequeño teatro o una gran cabina de transmisión ¾como quiera verse¾ diseñado con convicción acústica, donde los fines de semana se interpreta música de cámara y ocasionalmente se presentan, desconectados, otros grandes del rock en castellano. Allí entramos todos los perros y se instaló una cámara de televisión frente al escenario decorado por pancartas de la radiodifusora. Repentinamente las luces se apagaron y un solo reflector iluminó el extremo de la sala en que se encontraban Olivia Luna y otro conductor de Órbita 105.7, quienes saludaron al auditorio y le pidieron repetir el saludo que desde hace unos minutos se lanzaba a un Santiago ausente. Decenas de aullidos a coro dieron forma a este singular saludo que ningún otro artista tiene por qué recibir, y que lanzado al aire, resonó como un enorme lamento por las imprudencias del sábado y un anuncio de que el 18 de julio se conmemorará por siempre en México el Día del Perro. ¾ ¡Per-ro! ¡Per-ro ¡Per-ro! ¾, exclamaba una concurrencia impaciente mientras los locutores recordaban al auditorio la trayectoria de Juan Perro, desde Radio Futura y hasta su participación en Rock en Ñ.Santiago salió de un camerino situado detrás del escenario y los aullidos revelaron a quien no lo conocía el significado de la palabra Coyoacán: “lugar de coyotes”. Negra era la camisa como negros los pantalones y los zapatos del autor de La Negra Flor, quien rápidamente saludó a los conductores y ocupó un sillón anacrónico mientras saludaba a sus huestes incorregibles. “Bueno qué, ¿vinieron mis perritos hoy?”, estalló el rey perro entre ladridos, aullidos y más de una insinuación. “¿Están por aquí todos?” Interrogado acerca de sus planes futuros, Santiago explicó: ¾ Cambiar un poco la maleta y seguir la ruta para Barcelona y luego Ávila, Ibiza, las Islas Baleares, irnos de marcha otra vez y después de un par de días de descanso, tres días seguidos por Galicia, en fin, gira por la península hasta mediados de octubre. |
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¾ ¿Y posteriormente?, ya para finales de año ¿qué es lo que vas a estar haciendo? ¿Alguna producción discográfica o qué es lo que vas a estar realizando¾, insistió Olivia, esperanzada como todos de que Santiago revelara planes de regresar a esta tierra sin corazón.¾ Primero quisiera, tanto yo como mis compañeros, regresar a México cuando el disco lleve un poco más de tiempo en la calle, lleve dos o tres sencillos, y entonces podamos carearnos con nuestro público y al público que todavía no sea nuestro lo vamos a seducir poco a poco¾, explicó un Santiago resuelto a reconquistar la Nueva España¾. Queremos hacer México también solitos, Juan Perro con su banda y su equipo técnico, y hacer salas con la capacidad adecuada, salitas con capacidad de mil personas para recorrer las ciudades más importantes de la república.¾ Juan Perro, ¿qué le deseas a Mr. Hambre? ¾, preguntó el conductor.¾ Pues que no se le quite el hambre nunca, que guarde un huequecito, como dicen los doctores que son sabios: que hay que mantener un poco el hambre para sacar adelante la salud. Y en lo espiritual y lo musical eso es absolutamente importante y esencial, mantener un hueco, por el que podamos seguir creciendo¾, respondió.Olivia preguntó a Santiago acerca de la actitud que debe tomar un músico con su trayectoria para ganar más adeptos entre las nuevas generaciones. ¾ Yo no me atrevería a decir que debe alguien hacer algo, pero en lo que a mí me concierne yo quiero permanecer vinculado con la música de las nuevas generaciones y no por apuntarme a la moda, sino al contrario, sin olvidar conservar la memoria de los viejos estilos y de los toques mas puros. Sin olvidar estos viejos estilos y estos toques más puros, tratar de mantenerlos en la actualidad y carearlos con los estilos de las nuevas generaciones más conscientes de las nuevas tecnologías, de la nueva música electrónica, comparar un poco toda la gama de posibilidades que se abre en el panorama del rock, que es una historia de medio siglo. Entonces ahí caben muchas posibilidades, en el territorio del habla hispana todavía más, porque hay más tiempo y tradición en la música folclórica.¾ Santiago, ¿qué le dirías a la gente que no conoce a Juan Perro?¾, continuó el conductor, quien ya anunciaba el final de la entrevista. ¾¿Por qué deben escuchar a Juan Perro?¾ Pues porque Juan Perro y su banda tienen un deseo fundamental que es transmitir buenas sensaciones a través de la música y sentirlas. Primero nosotros debemos sentirlas para dar razón a nuestro trabajo y queremos transmitirlas, y creemos que cuando las condiciones se dan mínimamente pues lo hacemos. Yo no daría ninguna obligación, no quiero obligar a nadie a escuchar mi música, pero sí quiero compartirla con gente que a mí me interesa. Me interesa la gente de México, la gente de mi edad, la gente de la vieja guardia, como yo le digo, pero también me interesa la gente joven porque está creando un nuevo circuito de rock internacional y quiero estar cerca de ellos tanto como ellos me lo permitan.¾ La vez pasada hace dos años en el Vive Latino y esta vez en Rock en Ñ como que no has dejado a Radio Futura. Hay siempre algunos fragmentos. En lo que harás en el futuro, ¿seguirás trayendo fragmentos de Radio Futura? ¾, preguntó para finalizar Olivia Luna.¾ De vez en cuando necesito reflexionar sobre las canciones de Radio Futura porque quiero saber cómo se comportan a través del tiempo y cómo se comportan en manos de otros músicos. Entonces cada vez que monto una banda y un nuevo repertorio de Juan Perro me apetece retomar las canciones, así que es una posibilidad en el futuro.Entre aplausos y ladridos, cuando oyó su nombre sonar, Santiago Auserón se dirigió al escenario recordando en este baile de perros es era él quien venía a tocar.
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Un acústico interpretado por el mejor amigo del hombre Con esta descripción concluía la cortinilla o spot que la radiodifusora transmitió insistentemente durante días para promocionar el acústico, y que esta vez sirvió para dar término a la entrevista y dar tiempo a los dos J.P.s para subir a la tarima que les aguardaba. ¾ Queridos amigos, gracias a Órbita 105.7¾, saludó sin mayor preámbulo Santiago una vez instalado en el escenario, con su enorme cómplice galés sentado a su costado¾. Aquí está el perro y el señor John Parsons para presentaros en toda su desnudez, así en chiquitito, como en el patio de la casa, en ambiente familiar, estas canciones. Vamos, hermano, vamos a por ellos. El recital comenzó con La Noche de Fuego, tema contenido tanto en la segunda producción de Juan Perro, La Huella Sonora, como en el álbum Rarezas de Radio Futura. Con la distancia de los años, interpretada con fuertes inflexiones blueseras en voz de Santiago, esta canción luce como el relato de la eterna huida del perro, primero de Radio Futura y después de sus andanzas caribeñas. Ladrando fuego estaba el can del cielo. Ovacionado por un público estupefacto que sólo en este momento vio materializadas sus conjeturas sobre cómo sonaría su ídolo en versión “desconectada”, El Perro agradeció los aplausos y anunció el segundo tema de la noche, “una canción que se inspira en las letrillas del flamenco, en los misterios y los umbrales del cante jondo y oscuro, del sonido negro, como decía el cantaor Manuel Torre”. Yo te Cito es la canción que el autor de esta reseña hubo de ejecutar la víspera a través del teléfono y de la radio, en un improvisado y risible acústico, y todo con tal de ganar un segundo pase doble para asistir al baile de perros. En la más pura tradición del blues, la ejecución acústica de Yo te Cito sirvió para que Santiago demostrara una y otra vez que la canción suena todavía mejor con unas cuantas improvisaciones vocales. Pero también dio la oportunidad a John Parsons de mostrar todo de cuanto es capaz con una acústica en las manos, al prodigar un excelso solo de guitarra coronado con armónicos. Esta vez el aplauso y los aullidos posteriores a la canción fueron el espacio que los perros más flacos, los que más bien guardan un cariñoso recuerdo de Radio Futura que persiguen la ruta de Santiago, aprovecharon para demandar la satisfacción de su nostalgia. Veneno en la Piel, La Escuela de Calor, La Negra Flor, estuvieron entre los temas más solicitados por los escuchas de la pretérita banda liderada por El Perro. Estirando un poquito la oreja, en los ojos de Santiago Auserón brillaba una queja. “Oh, te remontas muy lejos, amigo”, atajó en primera persona del singular, quizá porque el auditorio era suficientemente pequeño para reconocer individualmente a cada perro, o tal vez dirigiéndose a la jauría como a un gran perro único e indivisible. ¾ Queridos perritos y perritas (o lobitas, no se como llamaros)¾, explicó pacientemente el mejor amigo del hombre y la mujer¾. Debo pediros licencia para hoy presentar casi de manera exclusiva canciones del repertorio de Juan Perro, porque tengo que hacerme entender poquito a poco, pero os prometo que en la proxima visita a México os traeré algún recuerdo, reelaborado por supuesto, y puesto al día para que no nos olvidemos de mis compañeros anteriores de banda, de los Radio Futura. En su versión acústica, el tercer episodio del recital, Esta Tierra no Tiene Corazón, recordó algunas rítmicas que en México nos parecen en extremo familiares, como ciertas cumbias y corridos, quedando un poco oculto el substrato de reggae de la versión original. A petición de Santiago, el coro final fue acompañado por las palmas y los cánticos de la concurrencia, como si todos reclamáramos lastimosamente a nuestros coterráneos la ingratitud expresada el sábado y nos dispusiéramos a irnos con El Perro fuera de aquí. “Esta tierra no tiene corazón, esta tierra no tiene corazón”. ¾ Muchas gracias, señoras y señores, queridos perritos, queridas perritas, lobitos, coyotitos que estáis en la sala. Oigo en el horizonte vuestros aullidos, dejadme oírlos bien claro, como decía Lorca, ¡un horizonte de perros! Está claro que tenemos a toda la jauría hoy aquí en orbita 105.7, ¡ay, ay, ay! Señoras y señores, tengo el inmenso placer de presentarles a un inmenso guitarrista del País de Gales, el señor John Parsons. El Carro, siguiente pieza del repertorio, permitió a Santiago aprovechar toda la flexibilidad y potencia de su voz, y otra vez, Mr. Parsons sorprendió y atrajo para sí una ovación exclusiva para él con un solo de guitarra único, adaptado con maestría y agilidad para la acústica. El quinto ladrido lo pegó El Perro con un tema que compuso con su amigo y “maestro cubano” Pancho Amat, el bolero El Agua de los Ríos, proveniente de La Huella Sonora. Esta vez Santiago dejó los menesteres de las cuerdas a Parsons y se armó de un par de maracas naranjas, un cantar dulce como lo exigen los boleros y dos o tres exclamaciones onomatopéyicas con las cuales sazonó el demonio que cocinaba en su cazuela. “Vamos junto al mar, John Parsons”, solicitó El Perro, llegado el momento del minúsculo solo de guitarra que en este género se llama “requinto”, como el instrumento con que es tocado a falta de tres cubano. ¾ ¿Ves algo por ahí?¾, preguntó a John como atisbando entre el público¾. Está todo negro, con tantos animalitos como había en la jungla esta noche, John, hay que andar con cuidado en la oscuridad. Mmm, se oyen cosas muy raras aquí. ¿Quién dijo La Candela? Bueno pues para ti, bonita. El anillo que me diste el sábado… ¡casi me cortan el dedo por tu culpa! Quizá una de las interpretaciones más ricas de esta tarde de perros, La Candela estuvo acompañada de unos cuantos golpecillos rítmicos sobre el cuerpo de la guitarra de Santiago, así como por un nuevo coro de perros en la parte final. ¾ Muchas gracias, ¿estuviste hoy por el mercado alguno, eh? ¿A cómo estaba el pescado hoy día, mmm? ¿Ustedes saben a quién se le puede ocurrir salir a pescar y dejarse olvidada la caña, amigos míos? ¾ ¡A Juan Perro! ¾, aventuró alguien entre la multitud. ¾ Bueno, claro, a Juan Perro y a algunos otros también¾, esgrimió un Mr. Hambre que ya pensaba en la conclusión de este breve recital, pues había sido advertido de que encontraría tráfico denso en su camino al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México¾. ¡A todo aquel que ya está pescado! Simplificada en extremo en ausencia de bajo, batería y teclados, La Charla del Pescado tuvo al comenzar un delicado gusto a antiguo madrigal aderezado con humor minimalista. Sólo el leit motiv de esta pieza, con las dos guitarras a plena candela, recordaba la sonoridad y energía de la Charla del Pescado tal como aparece en Mr. Hambre. En el puente de este tema de estructura singular, el murmullo aquél que dice “será porque siempre he estado yo / del lado del pescado que / nunca había pensado que el / pescado fuera a estar del otro lado” fue transformado por Santiago en un conjuro diabólico, con su voz tornada en un intenso tremor gutural. Y así, como atendiendo al séptimo mandamiento del último tema de Mr. Hambre, El Perro amenazó con coger la maleta e irse justo al concluir el séptimo acto de este acústico sin precedentes. Habían transcurrido apenas unos 30 minutos del concierto para dos guitarras y coro de coyotes. Pero regresaron al escenario J.P y J.P para brindar el tema número ocho. “¡Per-ro! ¡Per-ro! ¡Per-ro!” El Perro se comió otra vez el bizcocho. Y regresó con la más pura expresión del rock montuno, como él mismo ha dado en llamar al género que habita entre las Raíces al Viento y La Huella Sonora. A un Perro Flaco, primer track del primer disco de Juan Perro, fue un encore delicioso, poderoso, acompañado de las unísonas respuestas de los más avezados asistentes en la parte del coro: “¡sí señor!”, “¡cómo no!” ¾ ¡Muchas gracias! ¡Hasta la próxima! ¡Salud! ¾, exclamó el dueño de la tarde antes de dirigirse al camerino, de donde salió minutos después sin tiempo para firmar autógrafos, dejándose olvidada casi a la esposa y listo para volar con destino a Madrid. Con una foto de sí misma al lado de Juan Perro en la mano, Magali, quien se jacta de llamarse como la hermana de Santiago y Luis Auserón, deseó por adelantado un feliz cumpleaños al Perro. Tania, otra mexicana que sueña con él, recordaba que Santiago se sentó en su mesa a charlar en la presentación de Mr. Hambre. Muchos dijeron esperar que esta despedida haya dejado en Santiago un buen sabor de boca, meritorio de una próxima visita a suelo azteca. Santiago abordaba su camioneta y otros perros se organizaban para salir a tomar un trago, pues aquí no había hueso ya. La lluvia en la acera comenzaba apenas a sonar. Y el perro flaco, merodeando, se fue, se fue, se fue.
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Tanta Ñ emblemática y, como bien nos indica Carlos, la máquina sólo imprime "Rock en N".
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Como un perro acosado, un loco fugitivo que lleva al enemigo en su interior, el 15 de julio Juan Perro tuvo un segundo enfrentamiento con el público de la Ciudad de México. Tal como ocurrió en el festival Vive Latino en noviembre de 1998, esta vez la actuación de Juan Perro en Rock en Ñ precedió la de otro artista que involuntariamente acaparó la expectación de la mayoría de la concurrencia. Y fue así como las hordas de adolescentes que este sábado abarrotaron el Teatro Metropolitan se entregaron con ruidoso heroísmo a Enrique Bunbury, no sin antes apabullar con silbidos a un Juan Perro que afortunadamente se ha vacunado contra la rabia. Los gatos no querían bailar. El maltrato propinado en México a Santiago Auserón, estrella polar de la música hispana contemporánea, sirvió para que El Perro dictara una elegante cátedra sobre control y sometimiento de multitudes enfurecidas (simultáneamente, en otro recinto, el público “chilango” fiel a Megadeth bajaba a tirones del escenario a dos integrantes de Motley Crüe ocasionando un tenso receso de 15 minutos). Pero también fue la afrenta que convirtió el concierto acústico del 18 de julio en una sigilosa y dulce marcha de desagravio protagonizada por cientos de perros y perras con el pedigree tatuado en el corazón.
Excelente trabajo para disfrute de todo el clan del can. |