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Antología de Francisco Repilado, “Compay Segundo”, producida por Santiago Auserón para la Nueva Sociedad Lírica, en colaboración con el Instituto Cubano de la Música. Producción ejecutiva: Paz Tejedor. Asesor de contenidos: Bladimir Zamora. Coordinador del grupo en Madrid: Luis Lázaro. Seguimiento del producto: Luz Auserón.
Grabación realizada en directo en los estudios Cinearte, Madrid, noviembre de 1995. Ingenieros de grabación: José Luis Crespo y Antonio Olariaga. Asistente: Raquel Fernández. Mezclas: José Luis Crespo y Santiago Auserón. Edición y masterizado: José Luis Crespo.
Textos de Santiago Auserón, Bladimir Zamora, Danilo Orozco y Faustino Núñez. Letras recopiladas por Santiago Auserón, anotadas en colaboración con Faustino Núñez y Bladimir Zamora. Fotografías: Javier Salas y Manuel Zambrana. Fotos de archivo, del álbum de Compay Segundo.
Diseño gráfico: Montserrat Cuní.
Santiago Auserón aparece por cortesía de BMG-Ariola.
Editado y distribuido por Dro East West.
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Francisco Repilado nació en Siboney, el 18 de noviembre de 1907. Cuarto hijo de una familia campesina sin antecedentes musicales (salvo el son del la locomotora que conducía su padre), tuvo su primera emoción artística cuando en una serena tarde del año catorce vio bajarse del tren, frente a su casa, todavía en el caserío minero natal de Siboney, a un hombrecito guitarra en mano. El cantor se detuvo frente a su puerta y dijo: “Yo soy Sindo Garay”. Entonces Repilado tenía tan sólo catorce años.
En 1916 la familia se traslada a la cercana ciudad de Santiago de Cuba, donde Repilado lleva a cabo su formación. Si bien pronto aprende los oficios de tabaquero y barbero, ello no le impide convertirse en un precoz tocador autodidacta de tres y guitarra; a partir de ambos, sólo tres años después inventó su propio instrumento –el armónico- tomando de ellos las características que más le convenían. Consiguió desde entonces uno de los elementos que conforman su singularidad. En sus primeros años santiagueros aprende solfeo con la niña Noemí Toro e inmediatamente después se hace clarinetista con el maestro Enrique Bueno. También va por primera vez a una escuela de instrucción general, donde alcanza el sexto grado de primaria.
No obstante la más intensa escuela de Repilado fue sin duda su inmersión en la bohemia santiaguera de los años veinte en adelante, sus frecuentes visitas al Bar Tamarín, en la esquina de las calles Calvario y Martí, donde recalaban los más connotados tocadores y cantadores de Santiago. Aquel mismo Sindo Garay de la niñez, y también Matamoros, Pepe Banderas, Juan de Dios Echevarria, Salvador Adams, Siro Rodríguez, Rafael Cueto, el Chino Cornelio... Allí advirtieron enseguida que aunque todavía era casi un muchacho, tocaba con destreza “una guitarra rara” y era portador de una voz segunda cuya expresión y recursos la harían, con los años, verdaderamente legendaria.
La primera agrupación en la que se enroló, en compañía de otros niños, fue el Sexteto Los Seis Ases. Y antes de los veinte años ya era clarinetista de la Banda Municipal de Santiago, que dirigía Enrique Bueno, su maestro en el instrumento. Sin que se puedan precisar las fechas exactas, por estos mismos años formó parte de tres estudiantinas, la de Yayo Corrales, la de Ventura el Sordo y también La Arrolladora. Al iniciarse la tercera década del siglo, se instalan en la ciudad las primeras estaciones radiofónicas comerciales, y a ellas acude como miembro del Cuarteto Cubanacán, la primera formación donde Repilado dio riendas sueltas a la sonoridad de su armónico.
En 1929 viaja por primera vez a La Habana, como integrante de la Banda Municipal de Santiago. Se empleó entonces en el ejercicio de la música culta, tocando el clarinete, y al mismo tiempo como trovador sonero; porque su director le encarga la coordinación de los tocadores y cantadores populares que participan como invitados en las actuaciones de la Banda. Entre ellos se encontraba el mismísimo Trío Matamoros.
Vuelve a la capital cubana en 1934 como miembro del Quinteto Cuban Stars, dirigido por Ñico Saquito. Ofrecieron conciertos en muchos puntos de la Isla, antes de llegar a La Habana; y en ella hacen teatros, radio y fiestas; con lo cual por estas fechas se está produciendo el primer contacto a fondo entre Repilado y el público de su país. Regresa el Cuban Stars a Santiago, pero Repilado se queda en La Habana. Gracias a una recomendación del profesor Bueno, puede incorporarse a la Banda Municipal capitalina, entonces bajo la batuta del maestro Gonzalo Roig.
Repilado comienza a frecuentar en La Habana el ambiente de los músicos populares que le eran afines. Así se hace asiduo a la casa de Justa García en la Calle de la Salud, y al poco tiempo se integra como guitarrista en el Cuarteto Hatuey, que ella dirigía. Al producirse el retiro de Justa, se queda en el Cuarteto, y en él comparte trabajo temporalmente con Marcelino Guerra, toca por primera vez junto a Lorenzo Hierrezuelo, y viaja a México en 1938. Entonces el Cuarteto Hatuey estaba compuesto por Evelio Machín (hermano de Antonio), Armando Dulfo y el aclamado trompetista Florecita, además de Repilado. En México tocan en teatros, cabarets, y participan en las películas Tierra brava y México lindo.
En 1939 está de nuevo en La Habana. Ya en la década del cuarenta ingresa en el Conjunto Matamoros en calidad de clarinetista. Fueron doce años de trabajo junto al creador de Mamá, son de la loma, que contribuyeron a su perfil musical definitivo y le permitieron compartir los inicios de quien pocos años después iba a convertirse en el sonero mayor: Beny Moré. En 1942, sin abandonar su trabajo con Miguel Matamoros, Francisco Repilado es coprotagonista de un acontecimiento musical de trascendencia. Mientras le está cortando el pelo a Lorenzo Hierrezuelo, siendo ambos nativos de Siboney, como por accidente le propone formar dúo, para divulgar principalmente música de monte adentro, concebida por ellos mismos y también por otros autores de la región oriental. De mutuo acuerdo se bautizaron como dúo Los compadres, aludiendo a la tradicional manera de saludarse los vecinos en las zonas rurales de Cuba.
Tienen los dos entonces treinta y cinco años. Repilado atesora ya experiencias suficientes como para desarrollar en un agrupación propia su estilo de sonero singular. Haciendo radio, de fiesta en fiesta, grabando un disco al mes para la firma Panart (que luego vendería profusamente por toda América Latina), Los Compadres se mantuvieron juntos hasta el primero de septiembre de 1955. Hierrezuelo continuó el dúo con su hermano Reynaldo (actual director de la Vieja Trova Santiaguera), realizando por su lado una labor igualmente valiosa, aunque nunca se superasen los logros del Dúo original, porque de la guitarra y la voz prima de Lorenzo, el armónico y la poderosa voz segunda de Repilado, resultaba una síntesis tan fina y sabrosa que nunca más se ha vuelto a dar en otras agrupaciones semejantes. De su colaboración con Hierrezuelo guardó Repilado el pseudónimo que alude al papel de su voz y algunas notables composiciones hechas mano a mano.
Un
año antes de salir de Los Compadres estuvo Repilado tocando todavía
el clarinete |
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Desde 1.992 Compay mantiene su cuarteto con los
mismos integrantes. Lo secundan su hijo Salvador en el
contrabajo, el guitarrista Benito Suárez, y Julio Fernández como voz
prima y percusión menor. Ellos han sabido crear un marco sobrio y eficaz
para que todavía en nuestros días Repilado regale las delicias de su armónico,
sus composiciones, y esa voz segunda que viene desde los orígenes del son
a derramarnos encima los inequívocos colores originarios de Cuba.
La
grandeza de Compay Segundo se completa con su catálogo autoral, sones,
guarachas y boleros que manan desde las primeras décadas del siglo,
atrayendo el comentario de especialistas como Danilo Orozco. Me parece
obligado hacer aquí especial mención a su lírica. Repilado es quizá,
después de Miguel Matamoros, el otro gran personaje del son que cifra en
las letras de sus piezas un universo completo de figuras, giros y
combinaciones de la conversación, que deja ya para siempre salvada la
memoria del lenguaje campe-sino cubano, con su rica capacidad humoristica
e imaginativa.
La huella de Repilado en otros músicos de su país se
puede apreciar en la enorme cantidad de piezas suyas que interpretan otros
cultores más o menos clásicos del son, sin saber muchas veces quién es
el autor, y en alguna ocasión creyéndolo ya sepultado en el pasado.
Algunos creadores, como Pablo Milanés, no sólo se han servido del catálogo
de Compay para adentrarse en el son tradicional, sino que su manera propia
de acometerlo es heredera legítima del estilo del incansable sonero de
Siboney. Notables músicos populares españoles, convencidos de la
necesidad que tiene la península de atender a esta valiosa herencia,
estudian su obra y aprovechan como clase magistral cada encuentro personal
con él.
Después de más de siete décadas en el ejercicio de la música, Francisco Repilado no es un creador viejo. Tiene la rara posibilidad de hacer un son de carne fresca tal y como se empezó a practicar allá por los años veinte. Ha regado a lo largo del siglo piezas clave para el más exquisito repertorio del son, y ahora mismo, mientras usted se dispone a escuchar esta antología, Compay estará en su casita habanera de la calle Maloja, modelando un nuevo bolero seductor, convencido de que todo el tiempo futuro ha de ser una fructífera circunstancia para su trabajo; quizás por eso le dijo a su remota amiga Clarabella aquello de: "yo nunca pienso que me tengo que morir".
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